lunes, 20 de julio de 2015

· gracias ·

Ciento noventa y nueve días tachamos en el almanaque desde la última vez que pasé por aquí. Ciento noventa y nueve días en los que el mundo (la vida, la gente) no se detuvo. Nos despedimos de Mad men, de Mc Dreamy, de Mr Spock y de la bellísima Marie. Apple presentó un relojito y la Nasa llegó a Plutón. Las calles se llenaron de hashtags con #JeSuisCharlie, #NiUnaMenos y #LoveWins. Vimos pelis por doquier, desde Boyhood hasta Inside Out. Ciento noventa y nueve días de amor, de tristeza, de alegría, de sorpresa, de indignación. Y, por sobre todas las cosas, ciento noventa y nueve días de gratitud.


Desde que publiqué el último post no paré de recibir mails, mensajes, notificaciones, invitaciones de gente increíble que me lee, que aprecia lo que hago, que se toma la molestia de hacerme saber lo que pasa del otro lado. Uno creería que bueno, que ya está, que se terminan, pero no: me encuentro con alguien y me preguntan por el blog, abro mi bandeja de entrada y me desean cosas bonitas, me doy vuelta y tengo en agenda otro evento lleno de personas increíbles. No puedo decir que me hagan olvidar todo el peso del año pasado (tengo un gran bouquet de canas para probarlo, gracias 2014) pero me apuntalan tanto y tan bien que un día me despierto y, en lugar de pensar “tengo que volver al blog”, le digo a mi secuaz “tengo ganas de volver al blog”.

Entre una cosa y la otra pasó de todo. Empecé y dejé la escuela de cerámica, hice varios muebles, D publicó tres libros, mis papás se accidentaron, fui a Mar del Plata más días en un mes que durante todo el año pasado, cociné menos de lo que hubiera querido, me embarqué en un proyecto de tejido medio monstruo, tomé un puñadito de clases y cursos, me acompañan más de mil personas en instagram, hice galletitas de vampiros (¡y pinté algunas con aerosol!), cosí algo de ropa, extrañé mi cámara de fotos, compartí horas con gente maravillosa, volvimos a tener auto, vi por primera vez The Rocky Horror Picture Show, leí bastante, tallé cucharas, me replanteé todo. Poco después de cumplir 32, un grupo de talentosas y adorables señoritas me invitó a una noche craft. “Estas chicas son como el Alto Consejo Jedi del mundo craft”, le conté feliz y sorprendida a mi secuaz. Fui. Comimos, charlamos, bordamos (bueno, yo tejí) por horas, la pasé fabuloso. Y de repente, soy parte. A mí, que siempre me costó sentirme cómoda en grupos, me suman a estas reuniones impecables. Yo, que siempre preferí quedarme en casa antes que salir, espero la reunión mensual con ansias y me aseguro de no tener excusa alguna. Si mandan la craftiseñal, voy. Ellas no se dan cuenta -no podrían- pero fueron un empujón tan grande que no encuentro palabras para agradecerles. Claro, yo nunca encuentro palabras, pero no por eso dejo de buscarlas. Cada vez que comparamos experiencias, que intercambiamos tips, que expusimos historias, que nos reímos de mi perfeccionismo, crecí. No se dan una idea de cuánto crecí.

¿Por qué volver hoy (y no ayer, y no mañana)? Dos motivos. El primero y más banal es que no quise llegar al día doscientos. Puede sonar tonto, pero me lo puse como límite: “Ro, no podés estar doscientos días sin publicar”. Simple, corto, efectista. El segundo y más importante es que hoy se celebra el día del amigo -una fecha que en Argentina moviliza y que nunca sentí tanto como este año- y tuve la necesidad de venir a agradecer. Tal vez la mayor razón de mi desprecio por el 2014 sea que tuve que distanciarme de la persona que consideraba mi mejor amiga, y eso me entristeció muchísimo; intenté seguir como si nada pero fue un ancla permanente que deslució muchas cosas y me alejó del mundo. Terminé el año agotada a nivel emocional, me tomé un descanso severo de todo y de todos (sin blog pero también sin reuniones, sin salidas, sin redes sociales, sin interacción con nadie más que mi gato, mi secuaz, mi familia), y luego empecé un arduo trabajo para ver dónde estaba, en qué condiciones, y cómo me reinsertaba en el universo. Y ahí entraron los amigos como nunca antes. Mis papás también, claro, pero a ellos les agradezco todo el tiempo, cada vez que los veo. Así que hoy el brindis es por los amigos.


Por los virtuales y los de carne y hueso, por los viejos y los nuevos. Por Ro -mi amiga del alma, de la vida- y Darío -que sufría conmigo el secundario-. Por Agus -mi mejor anfitriona en BA- y Pablito -y su música, y su lealtad- (¡y gracias totales a los dos por certificar que vivimos en pecado!). Por los que comentan con cariño, por los que vinieron a jugar cuando abrí la puerta, por los que se suman a los disparates. Por los bloggers, gastrobloggers, instagrammers. Y por ellas, el Alto Consejo Crafty. Y por él, mi secuaz, que primero fue mi amigo -y nada más que amigo, y no, nada que ver, no pasa nada- hasta que nos dimos cuenta, hace más de ocho años. Brindo por todos ustedes y por todos los nuevos que van a venir. Y porque volví. Feliz día.



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viernes, 2 de enero de 2015

· aperitivo de sandía ·

Planeaba venir hace diez días, con un bonito post navideño desparramando amor y paz y deseos de lluvia, pero no pude. Luego quise venir a despedirme del 2014 con ustedes, hablando pestes del año que pasó -y del nuevito, que ya sé no cumplirá sueños-, y tampoco pude. Entonces me propongo alargar un poco esta entrada para juntar todo eso y una micro receta.


Después de todos los proyectitos de navidad compartida, de los tutoriales extra, de las recetas y las ganas de nochebuena, llegué al 24 de diciembre agotada y con millones de cosas pendientes. No cosas materiales o especialmente navideñas, no amasar el pan para la cena o envolver los regalos a tiempo u organizar quién lleva el vitel tonné; más bien pendientes de trabajo, de mi casa y personales.


Mi nochebuena es siempre igual: hace ocho años que la pasamos solos, con mi secuaz, en casa. Ponemos la mesa linda y comemos lo que sea que tengamos ganas de comer, que nos guste a los dos y no demande mil horas de cocción. Este año fueron ñoquis, que hicimos juntos: él hirvió las papas, yo hice la masa, él los cortó y marcó, yo hice la salsa, él cocinó los ñoquis, yo emplaté (no sé por qué entro en tanto detalle, tristísimo). Nos hacemos regalos que pensamos durante todo el año. Hablamos, D pregunta cada tres minutos y medio qué le voy a regalar (nunca le digo), escuchamos música tranqui mezclada con villancicos, pasamos una velada bastante quieta pero muy nosotros y nos gusta así, no la cambiamos por nada.

Entre el 25 y el 31 fue todo caos. Inconvenientes. Desorden. Problemas. Desencuentros. Mi hogar fue Siria sin ayuda humanitaria, mi agenda se suicidó y todo -pero todo- lo que podía salir mal, salió terrible. Fue una semana-resumen-de-mi-año en todo sentido, y este es el único balance que voy a hacer de los últimos 365 días; yo digo que fue un año rarísimo (I’m being polite here), mi madre dice que fue de transición, mi secuaz dice que fue el inicio de mucho. Fue difícil. Fue demasiado trabajo sin ver frutos, fue alejarme de gente que no me valora, fue plantar, proyectar y no ver ningún sueño cumplido. Gracias a este espacio conocí personas maravillosas y recibí palabras bellísimas; eso es todo lo bonito que puedo decir del 2014. Finalmente se terminó y -sin vacaciones ni nada por el estilo- hay que empezar otra vez.


¿Y cómo se plantea este nuevo año? Distinto pero igual de difícil. En 2015 tampoco voy a viajar ni a formar una familia ni a vivir de lo mío. Muchísimo trabajo, y además en marzo vuelvo un rato a las aulas (esta creo que es la parte buena), así que eso se verá reflejado en el blog. Tengo ganas de leer, de cocinar, de coser, de dibujar; todo mucho y todo para mí, que me hace buena falta. Espero que eso también se vea reflejado en el blog.

Pero el nuevo año ya está aquí. Llegó con la visita de mis papás, con más calor del que me gustaría, con días de pasear y de probar cosas ricas. Y para brindar por el 2015 y por todos los proyectos, sueños y deseos, hoy les traigo minirecetita para disfrutar durante el verano.

· aperitivo de sandía ·

2 rebanadas de sandía bien madura
1 vaso de vino blanco
1 vasito de aperitivo tipo vermouth
ralladura de limón
hielo


- Cortar la sandía en bocados -si lo hacen con las manos se va partiendo sola por los orificios de las semillas y es más fácil quitarlas-.
- En el vaso de la licuadora poner los trozos de sandía, el vino y el aperitivo, hielo y ralladura de limón. Licuar hasta haber triturado todo el hielo y la fruta, unos tres minutos.
- Servir en vasos decorados con rodajitas de sandía y piel de limón.


Es dulce, fresco y suave, ideal para aprovechar la fruta si maduró muy rápido. Espero que lo hagan y lo usen para brindar por todo lo que viene con el cambio de almanaque. Les deseo un año lleno de oportunidades, con mucho amor, con alegrías pequeñas pero constantes, y un par de las grandes que nos dejan embobados por un tiempo; ojalá el trabajo les rinda, la familia los llene, la salud los abrace y encuentren lo que sea que estén buscando en este viaje. Todo mi cariño y gracias por estar ahí.



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lunes, 22 de diciembre de 2014

· el regalo perfecto ·

¿Les gusta recibir regalos? ¿Y hacerlos? Soy de esas personas que aman recibir regalitos, pero confieso que una de las cosas que más disfruto en la vida es regalar.


Amo todo al respecto: la introducción -esa vez que escuché al pasar sobre un libro que a alguien le gustaría leer, aquél link que un amigo compartió, un comentario a otra persona que me fue transmitido-, el nudo -elegir en un mar de productos y luego reunir los medios necesarios para comprar o fabricar- y el desenlace -ese acto lleno de amor en el que se intercambia un presente por alguna o muchas formas de gratitud-. Y en el medio, el envoltorio.

Presto la misma dosis de atención al regalo en sí mismo que a lo que envuelve (y cómo lo envuelve), y estoy convencida de que recibir un paquetito con papel estampado, un moño de cinta y el nombre cuidadosamente escrito revela mucho más amor que la bolsa de un comercio. Mi idea de hoy es que en estas fiestas el pie del arbolito luzca más como una foto familiar que como una publicidad del shopping. Si están de acuerdo, los invito a prepararse una taza de té, porque hoy hay un buen puñado de fotos y, de yapa, un video.


· tipos de envoltorio ·

Para empezar se me ocurre la clasificación más abarcativa, y es la que se refiere al modo de envolver un regalo.

· · · directo

Es cuando nos regalan una sartén y sabemos perfectamente que vamos a recibir una sartén aún sin visión de rayos x. O cuando nos regalan un sweater y bien podrían ser restos de una tierra perdida, porque el regalo es una masa amorfa que nunca lució ni lucirá mejor. ¿Nunca vieron un triciclo cubierto con pliegos y pliegos de papel? ¿Y un osito de peluche? No es lo mismo un libro que una muñeca, no es igual un cubo Rubik que una pava. Mi punto es: salvo que el regalo en sí sea -o esté contenido en- un cuerpo geométrico, lo mejor es buscar un intermediario.

· · · indirecto

Aquí entran un montón de ayudantes para hacernos la tarea más fácil. Desde galletitas hasta el juguete más curvo del mundo pasando por ropa, artículos de belleza, herramientas... todo eso que no sirve como base para un envoltorio prolijo, va adentro de una caja, una bolsa, un sobre, un frasco, un tubo, una lata. Estos contenedores pueden ser bellos -las latas suelen tener dibujos preciosos, hay cajas forradas hermosísimas, bolsas en cantidad de estampas- o simplemente funcionales.


· envoltorios ·

Una vez determinado el tipo de envoltorio, hay que buscar con qué cubrir ese regalo. A grandes rasgos se me ocurren tres grupos de envoltorios:

· · · papeles

Para empezar, lo más básico: todos los papeles, desde los más simples -obra, madera, afiche, barrilete, misionero- hasta los menos populares -vegetal, hecho a mano, serigrafiados, de arroz, de origami-, sirven. En general, salvo algún gramaje muy elevado que dificulte a la hora de plegar, es cuestión de buscar el que más les guste y ver cómo usarlo (si es muy finito o transparente, se puede envolver doble o poner una base de papel blanco).


· · · telas

Pueden usar cortes de telas específicamente adquiridos para esto o revolver entre los retazos y seleccionar los más lindos. Además está la opción del doble regalito, usando una servilleta, un repasador, un individual, un furoshiki. Algunas prendas de vestir también sirven: una remera bien doblada puede cubrir un libro de tamaño considerable, unas medias -regalo de tía pero nunca vienen mal- cubriendo y cerrando un tubo nos ahorran mil pliegues de papel.


· · · otros

Hay un montón de otros materiales que no deberíamos descartar. Todo el rango de papeles impresos: diarios, revistas, mapas, posters y -aunque yo no esté de acuerdo con esto- libros viejos sirven para terminar un regalo de manera diferente. También podemos usar vinilos adhesivos, celofán, papeles de pared, blondas y cualquier otro material que nos dé la posibilidad de cubrir una caja.


· fijaciones ·

Por lo general, salvo que sean la mujer maravilla (spoiler alert: I’m not), es muy complicado envolver un regalo -que quede lindo- solo con papel y una cinta para atar. Yo me ayudo con un arsenal de fijaciones: pegamentos -cola vinílica, pegamento universal-, cintas adhesivas -transparentes, de papel, bifaz o decorativas- y stickers de todo tipo. Lo que tengamos, nos guste usar y sirva a los efectos de sostener el papel en su lugar.


· extras ·

· · · para atar
Si todo el abanico de cintas que se consigue en cualquier mercería nos resulta poco, siempre podemos usar lanas, tientos de cuero, cintas plásticas, puntillas, galones, cuerdas y hasta hilos lindos (hola baker’s twine, yo también te quiero mucho). Mientras sirva para hacer al menos un nudo firme, alcanza y sobra.


· · · para adornar
Muchas veces no queremos cerrar un paquete con un moño, y eso también es válido. A mí me encanta jugar con diferentes gift toppings y saco de la galera cualquier objeto que agregue color, textura o sea un guiño cómplice hacia el destinatario del regalo. Golosinas, juguetes, origami, pompones, dijes, cuentas, plumas, cascabeles, molinitos, accesorios, galletas, artículos de librería o pequeños items de maquillaje. ¿Cual es el problema si lo más pensado está del lado de afuera? La gente ama estos detalles.


· · · para identificar

Hay de todas formas y en una variedad de colores que haría palidecer a Pantone mismo: hechas a mano, compradas, impresas de internet (hay miles de opciones para descarga gratuita, como regalito de ilustradores y diseñadores alrededor del mundo). Las pueden colgar con un cordoncito, pegar con cinta, fijar con clips, coser a mano. Para que todos sepan qué regalito les corresponde o para dejar por escrito un lindo deseo, no son indispensables pero las etiquetas vienen bien para poner el broche final a la hora envolver un regalo.



Una vez enumerado todo lo que pueden usar, está el pequeño detalle de cómo envolver. Hay mil formas, unas más simples, otras más complejas, algunas muy básicas y otras con diez agregados por centímetro. Acá les pongo un videíto (sin audio, gracias Vimeo, toda la onda) donde muestro cómo envuelvo yo la mayoría de mis regalos. Esto es: con un papel preferiblemente grueso, fijando todo con cinta bifaz para que no se vea al final y cerrando con un moño de cinta y una tarjetita (donde luego escribiré algo, seguro); como el papel es muy clarito y el regalo tenía contrastes fuertes que se notaban a través del envoltorio, puse una primera capa de papel de seda para no delatar el contenido.



Espero que haya sido más o menos claro y les sirva. Hay partes cortadas -no mostré los dos laterales porque son iguales- y está un poco acelerado para que no sea eterno, pero quise poner todo el proceso. Además de este video largo con todos los detalles, en mi cuenta de instagram estuve subiendo un par de microvideos que encuentran agrupados en #giftwrrrrrap. Seguiré actualizando ese hashtag, al menos hasta el 6 de enero, para darles varias ideas sobre cómo personalizar los regalitos de toda la familia.


Quiero aclarar algo antes de cerrar esta entrada que puede lucir muy materialista: por sobre todas las cosas -al menos para mí- la navidad es una celebración del amor, de la familia, de lo bueno que tenemos. Si no hay regalos, que no haya. Si no hay grandes cenas, muchos invitados, deco sofisticada, ropa bonita, que no haya. Lo que no puede faltar es el cariño por la gente que nos rodea y el agradecimiento por ese afecto puro. En mi universo todo el ritual de elegir un regalo y llevarlo a la realidad es un acto de amor: no regalo por compromiso, no me esfuerzo en comprar o hacer algo por alguien que no valoro y no entiendo el argumento comercial que usan millones de grinchs en todo el planeta. Entonces, como cierre al acto de regalar, un envoltorio cuidado me parece una buena idea. Con "el regalo perfecto" no me refiero al más caro ni al más grande: hablo de presentar de la mejor forma posible hasta el regalito más humilde y personal. Ahora me cuentan ustedes: ¿Cómo vienen con los regalitos de navidad? ¿Les gusta hacerlos? ¿Recibirlos? ¿Envolverlos? Les deseo a todos una semana cargada de momentos para el recuerdo.



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miércoles, 17 de diciembre de 2014

· servilletas de broderie ·

Estamos a una semana de la nochebuena (wohoooo!) y me pareció buena idea traer un tutorial cortito y fácil para que pongan la mesa divina el próximo miércoles.


Estas servilletas de broderie son super versátiles: sirven tanto para una mesa bien arreglada como para combinar con la vajilla de todos los días, para un almuerzo en el jardín y hasta para sumar a la canasta de picnic, ya que al ser de algodón resultan bien absorbentes y se pueden meter en el lavarropas sin problemas.


Los materiales necesarios son poquitísimos:

  • broderie de algodón: por cada 90 cm de tela salen cuatro servilletas
  • plancha con vapor (o plancha y spray de agua)
  • costurero completo (tijera, hilo al tono, aguja para la máquina, centímetro)
  • máquina de coser

Hay varios tipos de broderie. La pequeña clasificación que hago hoy es según la ubicación del bordado; lo que vi es que puede estar trabajado:

  • en toda la superficie pero con un orillo liso
  • solo en los bordes, a modo de puntilla
  • en toda la superficie y en los bordes tipo puntilla

El que elijo para este proyecto es el broderie de algodón liso que solo tiene bordados y calados en los orillos: esto me da superficie plana para la funcionalidad de la servilleta y, al mismo tiempo, el detalle en un borde.


Lo primero que hice fue lavar la tela y plancharla bien. Después corté cuadrados de aproximadamente 45 cm de lado, siempre apoyando en uno de los orillos para que cada servilleta tenga un lado bordado.

Luego es un trabajo alternado de plancha y máquina de coser que hay que repetir en los tres lados lisos:
- pasar un pespunte a 3 mm del borde con una puntada larga, es solo para marcar
- doblar el borde usando el pespunte como guía y planchar bien
- dejar que se enfríe un poquito y volver a doblar el borde, escondiendo los hilos sueltos
- planchar con vapor para asentar bien
- coser a 3 mm del borde con puntada corta, si tienen un pie de máquina con guía para pespuntes, es el momento de usarlo
- planchar nuevamente para fijar y emprolijar


El único lugar donde hay que tener un poquito de cuidado es en las esquinas, para que no queden hilos hacia afuera: lo ideal es planchar bien con vapor, afirmar con un alfiler y coser a baja velocidad para asegurarse de que las capas de tela no se muevan.


Además de usarlas en casa, un paquetito atado con hilo y una etiqueta me parece una idea muy linda para regalar. Es económico, lleva poco tiempo y el resultado es útil y hermoso.


Nota: en general el broderie viene de entre 90 y 130 cm de ancho: lo que sobre en el medio es desperdicio para este proyecto, pero no lo tiren porque es algodón de buena calidad y sirve para otras cosas.


Así de cortito y así de lindo, un tutorial para que hagan en media tarde y disfruten alrededor de una mesa, con la mejor compañía, durante mucho tiempo. ¿Qué les parece la idea? ¿Usan servilletas de tela? ¿Les gusta el broderie? ¿Cómo se preparan en estos últimos días pre-navidad? Cariños de mitad de semana para todos.



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martes, 16 de diciembre de 2014

· muffins de parmesano ·

¡Buen martes para todos! Sé que a principios de mes me propuse tomarme diciembre distinto y publicar todos los días hábiles, pero ayer fue un lunes muy lunes, muy pesado y difícil, y no daba venir acá a espolvorear glitter. Espero que la semana mejore exponencialmente, y para empezar a lograrlo vengo con una receta de esas que tienen que guardar y probar porque es fantástica.


¿Receta de qué? Muffins de parmesano. Sabrosos, aterciopelados, crocantes por arriba, tiernos por dentro, perfumados. Ideales para acompañar un bowl de sopa cualquier noche fresca o para sumar a una picada en su formato mini, aunque yo los disfruto con un té en el desayuno y me predisponen de maravillas.


Es una receta muy simple y rápida de hacer. No tiene complicaciones, pesos muy específicos, tiempos de batido, cuidados extra con el horno ni nada por el estilo. Es medir (con tazas y cucharas), mezclar y hornear. Los ingredientes necesarios para estos muffins son:
  • 2 huevos
  • ¾ taza de leche entera
  • ½ taza de aceite de oliva
  • 1 taza de queso parmesano rallado
  • 1½ taza de harina 0000
  • 2 cdas de azúcar común
  • 2 cdtas de polvo de hornear
  • ¼ cdta de bicarbonato de sodio
  • 1 cdta de ajo picado fresco (un diente)
  • 1 cdta de romero picado fresco (si prefieren seco, usen solo ½ cdta)
  • ¾ cdta de sal fina
  • ½ cdta de pimienta negra


- Precalentar el horno a 180ºC.
- Mezclar juntos (con batidor de alambre) los huevos, la leche y el aceite.
- En un bowl grande mezclar ¾ taza de parmesano con el resto de los ingredientes secos, agregar la preparación anterior y mezclar bien hasta combinar.
- Dividir la masa en 12 moldes para muffins engrasados o cubiertos con pirotines.
- Espolvorear con el queso restante.
- Hornear hasta que un tester salga limpio.
- Enfriar sobre una rejilla de 5 a 10 minutos.


Hay moldes para muffins de varios tamaños. El más común en bazares es el americano (los más grandes), luego está el inglés (medianos, los de mis fotos) y mini. Pueden usar cualquiera, el que tengan, el que prefieran:
  • - de los primeros sale una docena. Se hornean alrededor de 20 minutos.
  • - de los segundos sale una docena y media si los hacen grandes o dos docenas si llenan ⅔ de la capacidad de los moldes. Van al horno unos 17 minutos.
  • - de los mini salen más de cuatro docenas, no recuerdo exactamente (hace un par de años de la última vez que los hice así). Se cocinan entre 12 y 15 minutos.


Para llenar los moldes pueden usar:
  • - dos cucharas, ayudándose para volcar la masa en cada moldecito.
  • - una cuchara para helado, dependiendo del tamaño del molde y de la cuchara que tengan.
  • - una manga de repostería, preferiblemente descartable.

Yo usé una cuchara de helado para una tanda (en la foto de arriba, a la derecha) y una manga descartable para la siguiente (en la misma foto, a la izquierda). Las dos cosas son prácticas y resuelven sin hacer desparramos de masa por toda la mesada.

Pueden guardar la masa cruda en la heladera un par de días; yo aprovecho una manga descartable (cerrada con una bandita elástica, para que no entre aire ni se salga el relleno), así ocupa poco espacio y está lista para poner en moldes cuando quiera hornear los muffins.


Para los líquidos uso una taza medidora grande: primero mido la leche, encima el aceite y por último agrego los huevos para hacer allí mismo la mezcla de los tres ingredientes.

Para mezclar uso siempre el mismo batidor de alambre. Es una masa que lleva muy poco trabajo, solo hasta incorporar bien los ingredientes, y no hace falta estar pendiente de un punto de batido o de no pasarse con el trabajo. Ni vale la pena prender una batidora, es un minuto a mano y listo.


Lo ideal es comerlos tibios; si se enfrían los pueden calentar 15 segundos en microondas o 2 minutos en horno medio para disfrutar del perfume y mejorar la textura (de por sí divina). Fáciles, ricos y super rápidos de preparar, pueden agregar otras aromáticas o usar diferentes quesos duros. Siempre salen bien. Nunca sobran cuando viene gente. ¿Qué les parece? ¿Les gustan los muffins salados? ¿Se animan con esta receta? Espero que estén teniendo una semana perfecta.



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